Costumbres y contradicciones

La visión aguda y ácida sobre la sociedad de su tiempo, su declarada misantropía, su pesimismo, son elementos que denotan en Karl Kraus si acaso no un profundo amor a la humanidad, sí una apasionada fe en un ideal de humanidad, en una humanidad ideal, armónica y sublime. La ira de Kraus consiste en que los seres humanos utilicen su albedrío para, en vez de eso, preferir la mediocridad, la mezquindad, la pereza, el desprecio, y además que por propia voluntad corrompan la cultura, el pensamiento, y el sustento de ambos: la lengua. Con sus aforismos, y en realidad con toda su obra, Karl Kraus parece pretender utilizar las palabras como ladrillos para portentosos pilares compuestos del lenguaje más excelso, como si con ellos fuera capaz de apuntalar una sociedad, un mundo, una época, que se estaban cayendo en pedazos. En esta sección hemos buscado compendiar los más importantes tópicos que Karl Kraus tocó en su denuncia de la hipocresía moral, entre ellos su pugna con Sigmund Freud, la recurrente comparación entre Berlín y Viena, y sus consideraciones acerca de la naturaleza humana. Sin embargo, dos asuntos que preocuparon fundamentalmente a nuestro autor encuentran una actualidad inquietante, a cien años y diez mil kilómetros de distancia, si los relacionamos con nuestra sociedad actual: el periodismo y la guerra. En cuanto al primero, es posible establecer un lamentable paralelo entre la corrupta prensa escrita de la época de Kraus y cierto periodismo televisivo sensacionalista y de sospechosa ética que parece proliferar. En cuanto a la guerra, y la estupidez que le es inherente, los señalamientos de Karl Kraus desbordan su contexto de la primera guerra mundial (y el contexto de México en lo que atañe al crimen organizado), y dejan expuesta crudamente una de las pasiones humanas más bajas y execrables. Más que percibir en esto una crítica social, los lectores de todas las épocas deberíamos ver en ello una severa advertencia. [GV]

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